Las Brujas de Twitter

Por Néstor Solís Valdés 🇵🇦

 

Entre los siglos XV y XIII en Europa, la Inquisición era posiblemente el pan de todos los días. Acusaciones iban y venían por todos lados. Bastaba con el testimonio de una persona enojada con otra para que los tribunales eclesiásticos iniciaran una investigación. Investigación que consistía básicamente en amenazas y torturas hasta que las brujas “confesaban” todo lo que los jueces querían oír. Y a confesión de parte, relevo de pruebas. Esto significaba en la mayoría de los casos la muerte para estas mujeres. A algunas las quemaban vivas, a otras les cortaban la cabeza antes de quemarlas, en fin. De nada servía tener una buena reputación en el pueblo, pues para los inquisidores, las brujas querían siempre que se pensara bien de ellas.

 

Algunos siglos después, en el XXI, el humorista español Jorge Cremades daba una entrevista al periódico El Español en donde afirmó que “hay más violaciones a hombres que a mujeres y de eso no se habla”. La entrevista le dio la vuelta a España y al mundo causando una ira colectiva de niveles épicos. Se confirmaba que Jorge Cremades era machista.

 

Esto le costó la cancelación de varias presentaciones en vivo, notas negativas en los periódicos más importantes de España y tal vez la peor de las consecuencias, se encendió la hoguera y la gente estaba listo para juzgarlo y quemarlo sin piedad.

 

Pero a diferencia de la Edad Moderna, la hoguera de ahora es digital, pero sigue quemando fuerte. Quema reputaciones, imágenes, ideas. Y ahí están los aldeanos digitales, millones, esperando que algún hereje diga algo para torturarle.

 

 

 

Se dice que Juana de Arco era esquizofrénica y por eso escuchaba voces, además fue acusada de lesbianismo. Fue juzgada por herejía y quemada viva. El sacerdote Urbain Grandier fue acusado de brujería por las monjas del convento de Loudun, torturado y luego quemado en la hoguera. Grandier era un fuerte opositor al cardenal Richeliu.

 

Estos son solo dos casos de los tantos que hubo, que, aunque sea difícil comprobar la veracidad de ellos (falta o alteración de documentos, incluso casos indocumentados), ejemplifican la esencia de lo que ocurre hoy con las hogueras digitales. Dos personas ideológicamente opuestas al status quo del momento silenciadas para mantener el orden social, con la diferencia que ahora no existe ese status quo. Lo bueno y lo malo; lo venerable y lo maligno; lo moral y lo impúdico, se cruzan entre sí, lo que nos conduce a una cacería salvaje que intenta obligarnos a la autocensura y a cuidarnos de lo que decimos o hacemos, incluso de lo que pensamos.

 

No sé si ahora seamos más susceptibles que antes, pero sí estamos más encerrados en burbujas que no nos permiten ver más allá, y cuando vemos los contrastes decidimos atacar con fuerza. Lo bueno es que de las hogueras digitales se sale vivo.

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