El Humor en Política

 

 

No me malinterpreten, la política es un asunto serio y no debe ser tomada a la ligera. Debe ser valorada, cuidada y respetada. También debe ser analizada para entender los cambios de la sociedad y satisfacer las necesidades de quienes estamos sometidos a ella.

La política es también es muy susceptible al dominio de nuestras emociones, lo que supone que están estrechamente ligadas a los movimientos sociales, es decir, a la acción.

 

La emoción; la política como alarma emocional despierta la creatividad de muchas personas que encuentran en el humor una forma de manifestarse. No es algo nuevo tampoco, pero sí diferente. Aceptar lo negativo desde un punto de vista positivo. Y humor en política, últimamente hay mucho.

 

Reímos para no llorar decía Joseph Klatzmann para explicar la persistencia del humor judío aún en los momentos más dramáticos. La aceptación a la condena de Klautzmann nos lleva a utilizar el humor como instrumento de expresión política. 

Pero si los ciudadanos podemos reírnos de la política y de los políticos, podemos ser creativos e innovadores en nuestras formas de protestar, creo que del otro lado también puede haber otra forma de gobernar. “La política que gana (convence y seduce) contagia ilusión. Y el ánimo es energía movilizadora” de acuerdo a Antoni Gutiérrez - Rubí. Quien no se suba al barco de la política cautivadora, no está más que desconectado de sus ciudadanos, por decir lo menos.

 

Desconexión es Donald Trump. Ya lo demostró al cancelar su participación en la cena Anual de Corresponsales de la Casa Blanca. Un hecho que no ocurría desde Ronald Raegan que se ausentó por estar convaleciente del intento de asesinato que sufrió en 1981 y que, a pesar de ello, estuvo presente a través de una llamada telefónica.

 

El humor sirve para afrontar los problemas haciéndolos más pequeños; como pilar de resiliencia. Rompe el hielo entre gobernantes y ciudadanos. Humor para gobernar, ilusionar y esperanzar a los ciudadanos.

 

No planteo una política vacía. Pero sí a una política renovada, dinámica y que sea capaz de convencer y seducir, porque también de eso se trata. Lejos ha quedado la política de cámara, de brazos cruzados y ceño fruncido, que aún tiene muchos adeptos seguramente. Pero mientras la nueva política siga generando más resistencia, más le costará a la política tradicional ganar la batalla. El humor es también un asunto serio. Y la política después de hacernos reír, debe hacernos pensar. 

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